martes, 19 de julio de 2011

Enemigos de la OTAN en Irak y Afganistán, aliados en Libia

Basándose en el análisis que hizo la academia militar de West Point de los archivos confiscados al Emirato Islámico de Irak, el historiador y periodista estadounidense Webster G. Tarpley demuestra que los miembros del Consejo Nacional de Transición libio provienen en su mayoría de Al-Qaeda. En un amplio movimiento de reorganización de sus acciones secretas, Estados Unidos está dirigiendo en Libia –y en Siria– a los yihadistas contra los cuales luchó en Irak y en Afganistán. El grito cínico de Washington es probablemente en este momento: «¡Ha muerto Ben Laden! ¡Vivan los benladistas!».



Webster G. Tarpley

La actual operación militar contra Libia se basa en la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU [1] y su objetivo es proteger a los civiles. Las declaraciones del presidente Obama, del primer ministro David Cameron, del presidente Sarkozy [2] y de otros dirigentes han subrayado el carácter humanitario de esta intervención, cuyo objetivo oficial es impedir que las fuerzas favorables a la democracia y los partidarios de los derechos humanos sean masacrados por el régimen de Kadhafi.

Al mismo tiempo, numerosos comentaristas han expresado sin embargo cierta ansiedad ante el misterio que rodea el gobierno antikadhafista de transición surgido a principios de marzo en la ciudad de Benghazi, situada en el distrito cirenaico, en el noreste de Libia. Francia y Portugal ya reconocieron ese gobierno como único representante legítimo del pueblo libio. El Consejo de los sublevados cuenta al parecer un poco más de 30 delegados cuya identidad se mantiene, en la mayoría de los casos, bajo un manto de misterio.

Los nombres de más de una docena de miembros de ese Consejo se mantienen incluso en secreto, supuestamente para proteger a esas personas de la posible venganza de Kadhafi. Pero el secreto que rodea la identidad de esas personas pudiera deberse a otras razones. A pesar de numerosas incógnitas, la ONU y buena parte de las principales naciones miembros de la OTAN, como Estados Unidos, se apresuraron a ayudar a las fuerzas rebeldes a través de incursiones aéreas, lo que ha resultado en la pérdida de uno o dos aviones de la coalición, con la perspectiva de pérdidas aún más importantes en caso de invasión terrestre.


Es hora ya de que estadounidenses y europeos sepan un poco más sobre los rebeldes que supuestamente representan una alternativa democrática y humanitaria al régimen de Kadhafi.

Resulta evidente que los rebeldes no son civiles, sino que constituyen una fuerza armada. Pero ¿qué tipo de fuerza armada?. Dado lo difícil que resulta estudiar a los jefes rebeldes desde el exterior, y ya que resulta imposible determinar el perfil sociológico de los rebeldes en pleno transcurso de esta guerra, es posible que el método típicamente utilizado para la historia de las sociedades pueda ser de alguna utilidad. ¿Existe alguna manera de conocer exactamente el clima de opinión que prevalece en las ciudades del noreste de Libia, como Benghazi, Tobruk o Derna, que constituyen los núcleos de la revuelta?

Un estudio «West Point» de diciembre de 2007 analizó el perfil de los combatientes extranjeros de la guerrilla y comprobó que yihadistas o muyahidines, de los que algunos eran posibles kamikazes, cruzaron la frontera Siria hacia Irak durante el periodo 2006-2007, movimiento que se desarrolló bajo la supervisión de la organización terrorista internacional conocida como Al-Qaeda.


 Dicho estudio se basa en cerca de 600 fichas de ese «personal» confiscadas en el otoño de 2007 por las fuerzas estadounidenses y posteriormente analizadas en West Point siguiendo una metodología que tendremos la posibilidad de examinar después de haber presentado sus principales conclusiones. Los resultados de ese estudio permitieron descubrir ciertos rasgos predominantes en la mentalidad y estructura de las creencias de las poblaciones del noreste de Libia, y permitieron determinar algunos aspectos importantes sobre la naturaleza política de la revuelta contra Kadhafi en esa región.

Derna, noreste de Libia: Capital mundial de los yihadistas

El mayor descubrimiento del estudio de West Point es que el corredor que va de Benghazi a Tobruk, pasando por la ciudad de Derna, constituye una de las mayores concentraciones de terroristas yihadistas del mundo y puede ser considerado como la primera fuente de candidatos a kamikazes de todos los países. Con una proporción de 1 combatiente terrorista enviado a Irak a «matar estadounidenses» por 1,000 o 1,500 habitantes, Derna parece ser el paraíso de los kamikazes, muy por delante de Riad, en Arabia Saudita.

Según los autores del informe de West Point, Joseph Felter y Brian Fishman, Arabia Saudita ocupa el primer lugar en cantidad absoluta de yihadistas enviados a Irak a luchar contra Estados Unidos y contra los miembros de la coalición durante el periodo en cuestión. Libia, cuya población es menos de la cuarta parte de la de Arabia Saudita, ocupa el segundo lugar. Arabia Saudita envió el 41% de los combatientes. Según Felter y Fishman, «Libia era el siguiente país en la lista de países de origen, con un 18,8% (112) de combatientes provenientes de ese país, de los que precisaron su nacionalidad.» Otros países muchos más poblados quedaban muy por debajo: «Siria, Yemen y Argelia eran los siguientes con 8,2% (49), 8,2% (48) y 7,2% (43) respectivamente. Los marroquíes representaban el 6,1% (36) de los efectivos y los jordanos el 1,9% (11).»



Eso significa que al menos 1/5 de los combatientes extranjeros que ingresaban a Irak a través de la frontera siria venían de Libia, un país de apenas 6 millones de habitantes. La proporción de individuos deseosos de combatir en Irak era mucho más importante entre los libios que en cualquier otro de los países que apoyaban a los muyahidines. Felter y Fishman han subrayado que «casi el 19% de los combatientes de los expedientes de Sinjar venían sólo de Libia. Además, proporcionalmente Libia contribuyó mucho más que cualquier otra nación, según los expedientes de Sinjar, incluso en relación con Arabia Saudita.»

Como los expedientes sobre el personal de Al-Qaeda especifican el lugar de residencia de los combatientes extranjeros, tenemos la prueba de que el deseo de ir a Irak a «matar estadounidenses» no era el mismo en toda Libia sino que se concentra precisamente en las zonas que rodean Benghazi y que conforman hoy en día el epicentro de la sublevación contra el coronel Kadhafi, revuelta que Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia respaldan con tanto entusiasmo.


Como señala el periodista Daya Gamage en un reciente artículo de Asia Tribune sobre el estudio de West Point, «…elemento inquietante para los estrategas políticos occidentales, la mayoría de los combatientes venían del este de Libia, precisamente del núcleo de la actual insurrección contra el coronel Kadafhi. Según el informe de West Point, la ciudad de Derna situada en el este de Libia envió a Irak más combatientes que cualquier otra ciudad de Libia. El informe sitúa en 52 el número de combatientes que llegaron a Irak provenientes de Derna, una ciudad de sólo 80 000 habitantes (la segunda fue la ciudad de Riad, en Arabia Saudita, ciudad que cuenta más de 4 millones de habitantes). Benghazi, la capital del gobierno provisional libio seleccionada por los rebeldes antikadhafistas, envió 21 combatientes, cifra igualmente desproporcionada en relación con su población» [3].

La misteriosa Derna sobrepasó la metrópolis de Riad con 52 hombres contra 51. En cambio, Trípoli, el bastión de Kadhafi, ni siquiera aparece en las estadísticas. ¿Cómo se explica la extraordinaria concentración de combatientes antiestadounidenses en Benghazi y en Derna? La respuesta parece vinculada a las escuelas «extremistas» en materia de teología y de política que florecen en esa región. Como señala el informe de West Point: «Derna y Benghazi están asociadas desde hace mucho al militantismo islámico en Libia.»


Esas zonas están en conflicto ideológico y tribal con el poder central del coronel Kadhafi, además de que oponen a él en el plano político. Saber si ese conflicto ideológico amerita que mueran soldados estadounidenses o europeos es una pregunta que exige urgente respuesta. Felter y Fishman subrayan que «una amplia mayoría de los combatientes libios entre los que precisaron su ciudad de origen en las fichas de Sinjar vive en el noreste del país, específicamente en la ciudad costera de Derna con un 62,5% (52) y la de Benghazi con un 23,9% (21). Ambas ciudades están vinculadas desde hace mucho al militantismo islámico en Libia, especialmente a través de un levantamiento orquestado por organizaciones islamistas a mediados de los años 1990. El gobierno libio acusó a “infiltrados” provenientes de Sudán y Egipto de fomentar aquella revuelta, al igual que un grupo –el Libyan Islamic Fighting Group- conocido por contar en sus filas a veteranos afganos. Las insurrecciones libias fueron extremadamente violentas» [4].

El este de Libia: La mayor concentración de candidatos a kamikazes

Otro aspecto muy notable de la contribución libia a la guerra contra las fuerzas estadounidenses en Irak es la marcada propensión de los libios del noreste a escoger el atentado suicida con bombas como principal método de combate. Como reporta el estudio de West Point, «entre los 112 combatientes libios fichados, el 54,4% precisó la naturaleza de su misión. De ellos, el 85,2% (51) inscribieron “atentado suicida con bomba” para describir el objetivo de su llegada a Irak» [5]. Lo cual significa que los libios del noreste son mucho más propensos a los atentados suicidas que todos los combatientes provenientes de otros países. «Los combatientes libios eran mucho más frecuentes en la lista de candidatos a kamikazes que los de cualquier otra nacionalidad (85% en el caso de los libios, 56% en el caso de los demás).» [6]

En 2007, la organización antiKadhafi conocida como Grupo Islámico Combatiente en Libia (GICL) fusiona con Al-Qaeda

La base institucional dedicada al reclutamiento de los combatientes de la guerrilla en el noreste de Libia está ligada a una organización que se llamaba anteriormente Grupo Islámico Combatiente en Libia (GICL). En 2007, el GICL se declaró oficialmente a sí mismo como una extensión de Al-Qaeda y modificó su nombre para convertirse «Al-Qaeda en el Maghreb Islámico» (AQMI). La consecuencia de esa fusión en 2007 fue un crecimiento de la cantidad de combatientes provenientes de Libia que llegaban a Irak. Según Felter y Fishman, «el aparente flujo de reclutas hacia Irak pudiera estar vinculado a una colaboración cada vez más estrecha entre el GICL y Al-Qaeda, que desembocó el 3 de noviembre de 2007 en la fusión oficial entre el GICL y Al-Qaeda» [7]. Otras fuentes confirmaron esa fusión. En 2008, una declaración atribuida a Ayman al-Zawahiri confirmaba que el Grupo Islámico Combatiente en Libia se había unido a Al-Qaeda [8].

El emir terrorista elogia el protagonismo de Benghazi y de Derna en Al-Qaeda


El informe de West Point muestra claramente que los principales bastiones del GICL –que se convirtió posteriormente en AQMI– eran las ciudades de Benghazi y Derna. Lo anterior queda demostrado en una declaración de Abu Layt al-Libi, el sui generis «emir» del GICL, quien se convertirá posteriormente en uno de los líderes de Al-Qaeda. En el momento de la fusión de 2007, Abu Layt al-Libi, el emir del GICL, subrayó la importancia de la contribución de Benghazi y de Derna en el yihadismo islámico al declarar: «Es por la gracia de Alá que levantamos la bandera de la yihad contra ese régimen herético, bajo la dirección del Grupo Islámico Combatiente en Libia, que ha sacrificado la élite de sus hijos y de sus oficiales para combatir a ese régimen, y cuya sangre se ha derramado en las montañas de Derna, en las calles de Benghazi, en los barrios periféricos de Trípoli, en el desierto de Saba y en las arenas de las playas.» [9]

El resultado de la fusión de 2007 fue que los reclutas libios de Al-Qaeda adquirieron una importancia creciente en la actividad del conjunto de la organización, desplazando así su centro de gravedad y alejándola de los sauditas y los egipcios, anteriormente mucho más preponderantes. Como señalan Felter y Fishman, «las facciones libias (principalmente el Grupo Islámico Combatiente en Libia) tomaron una importancia creciente en el seno de Al-Qaeda. Los ficheros de Sinjar muestran que cada vez más libios se fueron a combatir a Irak a partir de mayo de 2007. La mayoría de los reclutas libios provenían de ciudades del noreste de Libia, una zona conocida desde hacía mucho por sus vínculos con el movimiento yihadista» [10].

El estudio de West Point entregado en 2007 concluyó con la formulación de varias opciones políticas para el gobierno de Estados Unidos. Un posible enfoque, sugerido por los autores, sería que Estados Unidos cooperara con los actuales gobiernos árabes para contrarrestar a los terroristas. Como indican Felter y Fishman, «los gobiernos libios y sirios comparten esta misma preocupación americana sobre una ideología yihadista salafista violenta, y sobre actos violentos perpetrados por sus miembros. Esos gobiernos, al igual que otros en el Medio Oriente, temen a la violencia en su propio suelo y preferirían que los elementos radicales se vayan a Irak en vez de causar problemas “en casa”.

Los esfuerzos de Estados Unidos y de la coalición por contener el flujo de combatientes hacia Irak serían mucho más eficaces si tomaran en cuenta el conjunto de la cadena logística que permite el desplazamiento de esos individuos –comenzando por su país de origen– en vez de ocuparse simplemente de los puntos de entrada sirios. Estados Unidos debería ser capaz de aumentar la cooperación de los gobiernos para frenar el flujo de combatientes hacia Irak ayudándolos a resolver sus propios problemas locales de violencia yihadista» [11].Teniendo en cuenta lo sucedido posteriormente, podemos afirmar que no fue esa la opción escogida, ni al final de la era Bush ni durante la primera mitad del mandato de Obama.

El estudio de West Point ofrece también otra opción, más siniestra. Felter y Fishman dan a entender que es posible utilizar las antiguas facciones del GICL de Al-Qaeda contra el gobierno del coronel Kadhafi, esencialmente mediante la creación de una alianza de facto entre Estados Unidos con un segmento de la organización terrorista. El informe de West Point señala que: «La fusión entre el Grupo Islámico Combatiente en Libia (GICL) y Al-Qaeda, y su aparente decisión de proporcionar prioritariamente un apoyo logístico al Estado islámico de Irak es probablemente motivo de controversia en el seno de la organización. No sería sorprendente que ciertas facciones del GICL sigan priorizando la lucha contra el régimen libio por encima del combate en Irak. Es sin dudas posible exacerbar las divisiones en el seno mismo del GICL, y entre los líderes del GICL y los de Al-Qaeda provenientes de la base tradicional saudita y egipcia.» [12] Lo anterior corresponde a la política estadounidense que estamos viendo hoy en día, que consiste en una alianza con los fanáticos oscurantistas y reaccionarios de Al-Qaeda en Libia contra el coronel Kadhafi, que es un reformador nasserista.

Armar a los rebeldes: la experiencia de Afganistán

Cuando se ve la dramática experiencia de los esfuerzos de Estados Unidos por movilizar a las poblaciones de Afganistán contra la ocupación soviética de los años 1980, debería resultar evidente que la política de la Casa Blanca de Ronald Reagan consistente en armar a los muyahidines afganos con cohetes Stinger y otras armas modernas resultó trágica para los propios Estados Unidos. Como Robert Gates parece admitir prácticamente en sus Memorias, Al-Qaeda fue creada en aquellos años por Estados Unidos como una especie de legión árabe destinada a combatir la presencia soviética, con los desastrosos resultados a largo plazo que ya conocemos.


Hoy en día está claro que Estados Unidos está entregando armas modernas a los rebeldes libios a través de Arabia Saudita y de la frontera egipcia, con el activo respaldo del ejército egipcio y de la nueva junta militar proestadounidense instaurada en el propio Egipto [13]. Todo lo anterior constituye una violación directa de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU, que exhorta a un embargo total de las entregas de armas a Libia. Se supone que las armas entregadas van a utilizarse contra el coronel Kadhafi en las próximas semanas. Sin embargo, dada la naturaleza violentamente antiestadounidense de la población del noreste de Libia que está recibiendo ese armamento, no es posible garantizar con absoluta certeza que todas esas armas no acaben por volverse un día contra quienes las proporcionaron.

Pero lo que plantea un problema más importante aún es la conducta de un futuro gobierno libio controlado por el actual consejo rebelde, con su amplia mayoría de islamistas del noreste, o de un gobierno parecido de un posible futuro Estado independiente cirenaico. Suponiendo que un régimen de ese tipo tenga acceso a los ingresos del petróleo, es evidente que ello plantearía cierto número de problemas de seguridad internacional. El periodista Daya Gamage escribe al respecto: «Si la rebelión logra derribar el régimen de Kadhafi, tendrá entonces acceso directo a las decenas de miles de millones de dólares que Kadhafi supuestamente escondió en diferentes países durante sus 40 años de reinado.» [14] Después de haber visto la mentalidad prevaleciente en el noreste de Libia, no es difícil imaginar en qué serían utilizados dichos ingresos.

¿Qué es Al-Qaeda y por qué lo utilizó la CIA?

Al-Qaeda no es una organización centralizada sino más bien una especie de agrupación de fanáticos, de sicóticos, agentes dobles, provocadores, mercenarios, etc. Como ya explicamos anteriormente, Al-Qaeda fue creada por Estados Unidos y los británicos durante la guerra contra los soviéticos en Afganistán. Es evidente que la mayoría de sus líderes, como el famoso vicecomandante Ayman Zawahiri, o la actual estrella en ascenso Anwar Awlaki, son agentes dobles del MI6 y/o de la CIA. La creencia fundamental alrededor de la cual se estructura Al-Qaeda es que todos los gobiernos árabes o musulmanes actuales son ilegítimos y que deben ser derrocados ya que no representan al califato que Al-Qaeda dice ver en el Corán. Eso significa que la ideología de Al-Qaeda constituye para las agencias de inteligencia una herramienta sencilla y lista para uso cuando se trata de atacar y desestabilizar a los gobiernos árabes y musulmanes establecidos, en el marco de la constante necesidad imperialista y colonial de saquear y de atacar a las naciones en vías de desarrollo. Esto es precisamente lo que está sucediendo actualmente en Libia.

Al-Qaeda surgió del medio político-cultural de los Hermanos Musulmanes, o Ikhwan, creado también por los servicios de inteligencia británicos en el Egipto de los años 1920. Estados Unidos y Gran Bretaña utilizaron entonces a los Hermanos Musulmanes egipcios como movimiento de oposición contra las brillantes políticas antiimperialistas del presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, quien estaba logrando enormes victorias para su país con la nacionalización del canal de Suez y la construcción de la represa de Asuán, sin las cuales era inconcebible el Egipto moderno. Los Hermanos Musulmanes actuaron contra Nasser como una especie de «quinta columna», compuesta de agentes extranjeros, exactamente de la misma manera en que Al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) proclama a toda voz su respaldo a la rebelión contra el coronel Kadhafi.

En mi reciente libro El terror fabricado: Made in USA [15] refiero detalladamente la naturaleza de Al-Qaeda, por lo que no repetiré aquí ese análisis. Me limitaré a recordar que no tenemos por qué creer en el fantasioso mito que el gobierno de Estados Unidos ha construido alrededor de la apelación «Al-Qaeda», para reconocer el ya demostrado hecho de que los militantes o los desequilibrados que se unen a las filas de Al-Qaeda son a menudo sinceros en lo que se refiere a su odio y su ardiente deseo de «matar estadounidenses y europeos». La política de la administración Bush utilizó la supuesta presencia de Al-Qaeda como pretexto para desencadenar un ataque militar directo contra Afganistán e Irak. La administración Obama está modificando esa política al intervenir junto a una rebelión en la que Al-Qaeda y sus aliados están fuertemente representados porque atacan al régimen autoritario del coronel Kadhafi, que se mantenía en el poder desde hace décadas. Ambas políticas conducen al fracaso y es necesario abandonarlas.

Los jefes de los rebeldes Jalil y Yunis, al igual que la mayor parte de los miembros del Consejo de los rebeldes libios, son miembros de la tribu Harabi, vinculada a Al-Qaeda

El resultado de la presente investigación es que la rama libia de Al-Qaeda es una prolongación del Grupo Islámico Combatiente en Libia en Derna y Benghazi. La base étnica del GICL es, aparentemente, la tribu Harabi profundamente antikadhafista, de la que procede la gran mayoría de los miembros del Consejo de los rebeldes, incluyendo a sus dos principales líderes Abdul Fatah Yunis y Mustafa Abdul Jalil. Estos elementos demuestran que, en la práctica, el Grupo Islámico Combatiente en Libia, la élite de la tribu Harabi y el Consejo de los rebeldes respaldado por Obama están muy estrechamente vinculados. Como me decía hace algunos años el ex ministro de Relaciones Exteriores de la República de Guyana y presidente de la Asamblea General de la ONU, Fred Willis –quien fue un verdadero combatiente contra el imperialismo y el neocolonialismo–, tras las formaciones políticas en los países en vías de desarrollo (y no sólo en esos países) se esconden a menudo rivalidades étnicas o religiosas. Eso es lo que sucede en Libia.

La rebelión contra Kadhafi es una mezcla envenenada de odio fanático contra Kadhafi, de islamismo, de tribalismo y de rivalidades locales. Desde este punto de vista, la decisión de Obama de tomar partido en una guerra tribal es una idiotez.
Cuando Hillary Clinton viajó a París para que el presidente francés Nicolas Sarkozy le presentara a los rebeldes libios, la secretaria del Departamento de Estado se reunió con el líder de la oposición libia Mahmud Jibril, un personaje que recibió una educación estadounidense y cuyo nombre ya era conocido para los lectores de Wikileaks como uno de los interlocutores preferidos de Estados Unidos [16].

Jibril puede ser considerado un personaje presentable en París, pero los verdaderos cabecillas de la insurrección libia son en realidad Jalil y Yunis, dos ex ministros de Kadhafi. De estos dos personajes, el verdadero jefe parece ser Jalil, al menos por el momento: «Mustafa Abdul Jalil o Abdul-Jalil que también puede escribirse Abdul-Jelil, Abd-al-Jalil, Abdel-Jalil o Abdeljalil, y también a veces, erróneamente, Abud Al Jeleil) es un político libio nacido en 1952. Fue ministro de Justicia (y, de forma no oficial, secretario del Comité General del Pueblo) del coronel Muammar el-Kadhafi (…) Abdul Jalil ha sido identificado como el presidente del Consejo Nacional de Transición basado en Benghazi, aunque otros elementos entre los rebeldes cuestionan su nominación a ese puesto debido a sus relaciones pasadas con el régimen de Kadhafi.» [17]

En cuanto Yunis, estuvo estrechamente vinculado a Kadafhi desde que este último tomó el poder, en 1968-1969. «Abdul Fatah Yunis es un alto oficial del ejército libio. Tenía rango de general y ocupó el puesto de ministro del Interior antes de dimitir el 22 de febrero de 2011…» [Ibid.]

Lo que más debería inquietarnos es que tanto Jalil como Yunis son miembros de la tribu Haribi, mayoritaria en el noreste de Libia, que es precisamente la tribu que se relaciona con Al-Qaeda. Según la agencia Stratfor, «…la tribu Harabi es históricamente un poderoso conjunto de clanes del este libio que ha visto declinar su influencia bajo Kadhafi. El líder libio confiscó, en efecto, tierras cultivables a los miembros de esa tribu para entregarlas a otros clanes más débiles, pero más leales. La mayoría de los líderes del este libio hoy emergentes provienen de la tribu Harabi, incluyendo a los jefes del gobierno provisional instalado en Benghazi, Abdel Mustafa Jalil y Abdel Fatah Yunis, que tuvieron un papel fundamental en la deserción de ciertos militares al principio de la insurrección» [18]. Es un poco como una carrera por la presidencia estadounidense en la que ambos candidatos provienen del mismo Estado, con la diferencia de que las feroces rivalidades tribales agravan considerablemente el problema.

Consejo de los rebeldes: La mitad de los nombres se mantienen en secreto. ¿Por qué?

Un análisis de la composición global del Consejo de los rebeldes no logra mejorar la imagen de su base regional, sectaria y estrecha, sino que la empeora. Según una descripción reciente, el Consejo de los rebeldes está «presidido por un ex ministro libio de Justicia, con buena reputación, Mustafa Abdul Jalil, y se compone de 31 miembros, que supuestamente deben representar a todo el país, pero cuyos nombres no pueden divulgarse por “razones de seguridad”» … «Los principales miembros del Consejo, al menos los que conocemos, pertenecen todos a la confederación de tribus Harabi del noreste de Libia. Esas tribus tienen fuertes conexiones con Benghazi que se remontan incluso a la época anterior a la revolución de 1969 que llevó a Kadhafi al poder.» [19]

Otros artículos confirman la cantidad de representantes: «El Consejo se compone de 31 miembros; la identidad de varios de esos miembros no se ha hecho pública para preservar así su seguridad.» [20] Con todo lo que ya sabemos sobre la extraordinaria densidad de combatientes del GICL y de fanáticos de Al-Qaeda en el noreste de Libia, nos parece justificado preguntarnos si la identidad de todos esos miembros del Consejo de verdad se mantiene en secreto para protegerlos de Kadhafi o si no es más bien para evitar que sus nombres se reconozcan en Occidente como nombres de terroristas o de simpatizantes de Al-Qaeda. Esta última hipótesis parece estar más cerca de la situación actual.

Los nombres divulgados hasta ahora son: Mustafa Abduljaleel; Ashur Hamed Burashed, representante de la ciudad de Derna; Othman Suleiman El-Megyrahi, por la región de Batnan; Al Butnan, por la zona fronteriza con Egipto y Tobruk; Ahmed Abduraba Al-Abaar, por la ciudad de Benghazi; Fathi Mohamed Baja, por Benghazi; Abdelhafed Abdelkader Ghoga, por Benghazi; Omar El-Hariri en Asuntos Militares, y el Dr. Mahmud Jibril, Ibrahim El-Werfali y el Dr. Ali Aziz Al-Eisawi en Relaciones Exteriores [21].

El Departamento de Estado debería interrogar a esas personas, empezando quizás por Ashur Hamed Burashed, el delegado de la ciudad de Derna, bastión de los terroristas y de los candidatos a la realización de atentados kamikazes.

¿Cuántos miembros, veteranos o simpatizantes de Al-Qaeda componen el Consejo de los sublevados?

Todo lo que se sabe a través de la bruma de la guerra es que se han divulgado oficialmente los nombres de menos de una docena de miembros del Consejo, o sea no más de la mitad de sus 31 miembros. Los medios de prensa estadounidenses y europeos no han tratado de identificar para nosotros los nombres que ahora conocemos y, sobre todo, han hecho todo lo posible por no llamar la atención sobre esa [oscura] mayoría de miembros del Consejo de sublevados que sigue actuando en el mayor secreto. Tenemos que exigir, por consiguiente, que se den a conocer los nombres de los miembros, veteranos o simpatizantes del GICL que forman parte de dicho Consejo.

Estamos siendo testigos de un intento de la tribu Harabi por tomar el poder sobre las otras 140 tribus libias. Los Harabi ya tienen prácticamente el poder hegemónico en la región cirenaica. En el núcleo de la confederación Harabi se encuentra el clan El-Obeidat, dividido a su vez en 15 subclanes [22]. Todas esas consideraciones pudieran no presentar más interés que el puramente académico, si no existiese esta evidente conexión entre las tribus Harabi, por un lado, y, por el otro, el GICL y Al-Qaeda.

El movimiento Sanusi en Libia, ¿monárquico o democrático?

La tradición político-religiosa del noreste de Libia hace de esta región un terreno propicio para las sectas musulmanas más extremistas, y también la predispone a favor de la monarquía más que de las formas de gobierno más modernas que de las que es partidario Kadhafi. La tradición musulmana predominante es la de la orden Sanusi (o Senussi), una secta musulmana que se opone a Occidente. En Libia, la orden Sanusi está estrechamente vinculada a la monarquía, desde la época del rey Idris –puesto en el poder por los británicos en 1951 y derrocado por Kadhafi en 1969– quien era el jefe de la orden Sanusi. En los años 1930, los Sanusi organizaron la rebelión contra los colonos italianos respaldados por el general Graziano y su ejército. Hoy en día, los rebeldes usan la bandera de la monarquía y pudieran promocionar el regreso al trono de uno de los dos pretendientes provenientes del linaje de Idris. En otras palabras, los sublevados libios están más cerca de la monarquía que de la democracia.

El rey Idris, reverenciado por los rebeldes libios de hoy


 Veamos cómo describe la agencia Stratfor al rey Idris y a los Sanusi: «El rey Idris pertenece a un linaje de dirigentes provenientes de la orden Sanusi, orden religiosa sufí fundada en 1842 en Al Bayda que practica una forma austera y conservadora de Islam. La Sanusia representaba, antes de la creación del moderno Estado de Libia, una fuerza política en la región cirenaica y conserva aún cierta influencia hoy en día. No por casualidad esa región es el centro del yihadismo libio, con grupos como el Grupo Islámico Combatiente en Libia (GICL). De hecho, el clan Kadhafi ha calificado la actual revuelta de complot islámico elaborado…» [23] Bajo la monarquía, Libia era, según varios estimados, el país más pobre del mundo. Hoy en día, Libia ocupa la posición número 53 en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU. Por delante de Rusia, Brasil, Ucrania y Venezuela, Libia es además el país más desarrollado de África. El reinado de Kadhafi tiene unos cuantos méritos objetivos realmente difíciles de ignorar.

El Black Agenda Report de Glen Ford ilustró con toda razón el carácter racista y reaccionario de la insurrección libia. Las tribus del sur de Libia, conocidas con el nombre de Fezzan, son de piel oscura. La base tribal que sirve de apoyo al régimen de Kadhafi consiste en una alianza de las tribus del oeste, del centro y del sur (los Fezzan), que se oponen a los Harabi y a los El-Obeidat. Estos últimos se identifican a su vez con la antigua clase dirigente de la época de la monarquía. Es notorio que los Harabi y los El-Obeidat abrigan fuertes sentimientos racistas en contra de los Fezzan. Eso se puede comprobar a través de la lectura de varios artículos divulgados en medios de la prensa imperialista desde el comienzo de la insurrección, inspirados –claro está– por responsables de los Harabi, que afirman que las personas de raza negra presentes en Libia deben ser tratadas como mercenarios pagados por Kadhafi y que, por supuesto, hay que exterminarlas.

Ciertos charlatanes, como Anne-Marie Slaughte, de la escuela Woodrow Wilson en la universidad de Princeton [ex directora de Planificación en el Departamento de Estado], siguen repitiendo ese discurso racista. Y, en efecto, una impresionante cantidad de negros africanos provenientes de Chad y de otros países que trabajaban en Libia han sido sistemáticamente linchados y masacrados por las fuerzas antiKadhafi. La Casa Blanca de Obama, que proclama su voluntad de no permitir que se repitan [en Libia] las masacres de Ruanda, ha ignorado cuidadosamente esta espantosa historia de genocidio perpetrado por sus nuevos amigos de la región cirenaica.

Ante el oscurantismo de los Sanusi, Kadhafi ha apostado por el equivalente musulmán del sacerdocio de todos los creyentes explicando que no era necesario el califato para descubrir el verdadero sentido del Corán. Y completó lo anterior con una perspectiva panafricana. Gerald A. Perreira, del Black Agenda Report escribe lo siguiente sobre la divergencia teológica entre Kadhafi y los neosanusi del norte de Libia o de otros clanes oscurantistas: «Al-Qaeda está presente en el Sahara y en sus fronteras, y la Unión Internacional de Eruditos Musulmanes exige que Kadhafi sea llevado a los tribunales… Por su parte Kadhafi ha cuestionado el Islam de los Hermanos Musulmanes y de Al-Qaeda desde un punto de vista coránico y teológico; es uno de los pocos líderes políticos capaces de hacerlo. Benghazi ha sido siempre el centro de la contrarrevolución en Libia, acogiendo a los movimientos islámicos reaccionarios, como los wahhabitas y los salafistas. Son esos individuos quienes formaron el Grupo Islámico Combatiente en Libia basado en Benghazi, que se unió a Al-Qaeda y se convirtió al cabo de los años en responsable del asesinato de varios miembros del Comité de la Revolución libia.» [24).Sería interesante saber, por ejemplo, ¿cómo quedaría la condición de la mujer bajo el régimen neosanusi del Consejo de sublevados de Benghazi?

Al-Qaeda, de la categoría de demonio a la condición de aliado de Estados Unidos en Libia

Para quienes tratan de seguir los cambios en la manera como maneja la CIA las diferentes organizaciones títeres en el seno del supuesto terrorismo islámico no será inútil pasar revista a la transformación del GICL-AQMI, que se convirtió de enemigo mortal en cercano aliado.

Ese fenómeno está estrechamente vinculado a la inversión general de los frentes ideológicos del imperialismo estadounidense que caracteriza el paso de la administración Bush-Cheney-neoconservadores al actual régimen Obama-Brzezinski-International Crisis Group. El enfoque de Bush consistía en utilizar la supuesta presencia de Al-Qaeda para justificar un ataque militar directo.

El método Obama consiste [por el contrario] en utilizar a Al-Qaeda como instrumento para derrocar los gobiernos independientes y después separar las poblaciones y fragmentar esos mismos países o utilizarlos como peones kamikazes contra enemigos mucho más poderosos, como Rusia, China o Irán.

Este enfoque necesita una fraternización más o menos abierta con los grupos terroristas, que ya comenzó a aparecer en el famoso discurso que Obama pronunció en El Cairo, en 2005 [25]. Los vínculos entre la campaña de Obama y las organizaciones terroristas que la CIA desplegó contra Rusia eran ya de público conocimiento hace 3 años [26].

Pero esa inversión de los términos no se improvisa en una noche sino que necesita varios años de preparación. El 10 de julio de 2009, el Daily Telegraph de Londres reportaba que el Grupo Islámico Combatiente en Libia se separaba de Al-Qaeda. Aquello ocurrió en momentos en que Estados Unidos había decidido implicarse menos en la guerra de Irak, y prepararse para utilizar a los Hermanos Musulmanes y a otros sunnitas de Al-Qaeda para desestabilizar a los principales países árabes con vistas a lanzarlos contra el régimen chiíta iraní.

Paul Cruikshank escribió en aquel momento en el New York Daily News un artículo sobre uno de los líderes del GICL que quería que su movimiento pusiera fin a sus relaciones con Al-Qaeda y con su infame [jefe] Osama Ben Laden. Se trataba de «Norman Benotman, un ex jefe del Grupo Islámico Combatiente en Libia. Aunque hace ya mucho tiempo que los principales líderes musulmanes critican a Al-Qaeda, esas críticas cuentan ahora con el apoyo de las que provienen de los propios yihadistas» [27].

Sin embargo, en aquel mismo momento, ciertos jefes del GICL se unieron a Al-Qaeda. El Daily Telegraph mencionaba entonces que algunos jefes de Al-Qaeda, como Abu Yahya al-Libi y Abu Lait al-Libi eran miembros del GICL.
En aquella misma época, en un gesto humanitario [por demás] poco juicioso, Kadhafi decidió liberar a varios miembros del GICL.

Yihadistas del noreste libio están matando soldados estadounidenses y de la OTAN en Afganistán

Una de las contradicciones letales de la actual política del Departamento de Estado y de la CIA es que está dirigida a instaurar una alianza cordial con los asesinos de Al-Qaeda provenientes del noreste de Libia [supuestamente en aras de proteger a la población civil] mientras que Estados Unidos y la OTAN bombardean sin piedad a los civiles del noroeste de Pakistán en nombre de la guerra total contra Al-Qaeda y mientras que soldados estadounidenses y de la OTAN mueren a manos de los hombres de Al-Qaeda en ese mismo teatro de operaciones afgano-pakistaní. La fuerza de esta flagrante contradicción amenaza toda la estructura de la propaganda estadounidense de guerra. Hace mucho tiempo que Estados Unidos renunció a la moral para concentrarse en el uso de la fuerza militar.

Es en realidad muy probable que los terroristas provenientes del noreste de Libia estén matando soldados de Estados Unidos y de la OTAN en Afganistán mientras que Estados Unidos y la OTAN protegen sus casas [de los asaltos] del gobierno del coronel Kadhafi. Según el siguiente relato, un alto dirigente de Al-Qaeda en el noroeste de Pakistán resultó muerto en una operación militar estadounidense en fecha tan reciente como octubre de 2010: «Un importante dirigente que fungió como embajador de Al-Qaeda en Irán, buscado por Estados Unidos, parece haber resultado muerto hace 2 días en un ataque aéreo realizado desde un avión sin piloto Predator en la zona pakistaní controlada por tribus cercanas a los talibanes en el norte de Waziristán (…) Se trataba de Atiyah Abd al Rahman, ciudadano libio radicado en Irán que había sido embajador de Osama Ben Laden ante los mollahs. Informes de prensa no confirmados indican que Rahman murió en un ataque aéreo…» [28]

La página [del sitio web] en la que el Departamento de Estado anuncia la recompensa por la captura de Atiyah Abd al Rahman precisa que Rahman había sido «nombrado por Osama Ben Laden como emisario de Al-Qaeda en Irán», que Atiyah «reclutaba y ayudaba en las negociaciones con los demás grupos islamistas para que operaran para Al-Qaeda» y que también era «miembro del Grupo Islámico Combatiente en Libia y de [Jamaat] Ansar al Sunna» [29]. Dentro de la jerarquía de Al-Qaeda, Rahman se hallaba a un nivel tan elevado que podía permitirse, en 2005, darle órdenes a Abu Mussab Al-Zarkaoui, el jefe de Al-Qaeda en Irak [30].

Entre los muertos en Pakistán se encuentra también un individuo, aparentemente originario del noreste de Libia, conocido con el nombre de guerra de Khalid al Harabi, nombre pudiera indicar un origen vinculado al medio yihadista de las tribus Harabi en Cirenaica. Según una fuente, «Khalid al Harabi es conocido también con el nombre de Khalid Habi, el ex jefe militar de Al-Qaeda muerto en un ataque de un Predator estadounidense en octubre de 2008» [Thomas Joscelyn y Bill Roggio, op. cit.].

El escenario revelado en el caso de David Shayler, en 1995, se repite hoy David Shayler, oficial del MI5, el servicio británico de contraespionaje, se enteró de que su colega del MI6, el espionaje británico, había pagado 100 000 libras esterlinas a un miembro de Al-Qaeda que debía organizar un intento de asesinato contra Kadhafi. El atentado tuvo lugar, y provocó la muerte de numerosas personas inocentes, pero no logró eliminar al dirigente libio. Lo que Shayler pudo comprender sobre el escenario previsto es que incluía la eliminación de Kadhafi y la posterior caída de Libia en el caos y las guerras tribales, con la posibilidad de una toma del poder directa por parte de Al-Qaeda. La situación podía entonces servir de pretexto a los británicos, probablemente actuando –aunque no necesariamente– en coordinación con Estados Unidos o con otros países, para invadir Libia y apoderarse del control de los campos petrolíferos, y establecer seguramente un protectorado permanente sobre las regiones ricas en petróleo o que sirven de punto de paso a los oleoductos y sobre la región costera [31]. El objetivo sigue siendo el mismo en este momento.

Paralelamente al intento de asesinato contra Kadhafi, el MI6 y otros servicios secretos occidentales fomentaron una importante insurrección en el noreste de Libia, prácticamente en la misma zona donde surgió la actual sublevación. Pero las fuerzas de Kadhafi aplastaron aquella revuelta antes de terminar el año 1996. Los acontecimientos de 2011 son simplemente la repetición, 15 años más tarde, de aquel ataque contra Libia, con la intervención extranjera como complemento.

La guerra contra el Estado-nación

El actual ataque contra Libia se produce en el contexto más global de un ataque contra la institución de un Estado-nación soberano cuya existencia se remonta al tratado de Westfalia de 1648. Estados Unidos y Gran Bretaña están extremadamente inquietos ante la cantidad de naciones que tratan de escapar a la hegemonía anglo-estadounidense a través de una cooperación a gran escala con Rusia en materia de seguridad, con China en el plano económico y con Irán en materia de consideraciones de orden geopolítico.

La respuesta del tándem CIA-MI6 ha consistido en una orgía de acciones desestabilizadoras, de golpes de Estado, revoluciones de colores y revoluciones palaciegas, revelada por la operación de difusión limitada de documentos organizada por la CIA y conocida bajo el nombre de Wikileaks, que apunta a algunos nombres de la «lista de blancos» de la CIA, de Ben Ali a Kadhafi.

A la estrategia de Obama le convendría más una iniciativa espontánea y autónoma y la ilusión de que la primavera árabe fue realmente un asunto de jóvenes idealistas visionarios que se reunieron en una plaza para pedir democracia y que se respeten las leyes y los derechos humanos. Pero eso nunca sucedió. Las decisiones actuales fueron tomadas por una camarilla brutal de generales y de altos responsables comprados o chantajeados por la CIA que actúan entre bambalinas para derrocar a personajes como Ben Ali o Mubarak.

Independientemente de lo que haya hecho Kadhafi, es indudable que obligó a la CIA y a la OTAN a despojarse de las bonitas máscaras del idealismo juvenil y de los derechos humanos y a revelar el espantoso rostro que se esconde tras ellas, el de los aviones teledirigidos Predator, los bombardeos aterradores, la carnicería generalizada y la arrogancia colonialista. Kadhafi logró también hacer caer la máscara del «Yes we can» de Obama, revelando así un rostro de cínico guerrerista que sigue aplicando las políticas de «Vivo o muerto» que empleaba Bush, sólo que a través de medios diferentes.

Un lejano espejo del imperialismo en Libia: la epopeya Farsalia del poeta Lucano
Los imperialistas modernos presurosos por invadir Libia deberían remitirse a La Farsalia, la epopeya del poeta Lucano sobre la guerra en el desierto libio durante la lucha entre Julio Cesar y Pompeyo Magno, hacia el final de la República romana. Un pasaje fundamental de ese clásico es el discurso de Catón de Útica, partidario de Pompeyo, que exhortó a sus hombres a emprender una misión suicida en Libia con las siguientes palabras: «Serpientes, sed, calor y arena. Únicamente Libia puede ofrecer esa multitud de desgracias, capaz de poner en fuga a cualquier hombre.» Catón persiste y encuentra «una pequeña tumba donde encerrar su bendito nombre. Libia había puesto fin a los días de Catón…». [32]

No cometamos la misma locura.

Las pistas que ofrece el estudio de West Point, un llamado a los investigadores
Como ya señalamos anteriormente, el informe de West Point se basa en cerca de 700 fichas de miembros de Al-Qaeda encontradas en Irak por las fuerzas de la coalición. Los autores de dicho estudio se comprometieron a poner a disposición del público la base documental que utilizaron en su investigación, tanto en lengua árabe –utilizada en los expedientes de Al-Qaeda– como su traducción al inglés.

Partiendo del principio de que esos documentos se mantengan accesibles, pudieran permitir a investigadores y periodistas, sobre todo a los que conocen la lengua árabe (lo que no es el caso del autor de este trabajo), investigar sobre los combatientes libios que viajaron a Irak y determinar si algunos de ellos son parientes, vecinos o incluso socios políticos de los miembros conocidos del Consejo de sublevados de Benghazi o de las fuerzas contrarias a Kadhafi.
Ese trabajo permitiría ayudar a los públicos de Europa y de Estados Unidos, y a los de otros países del mundo, a entender mejor la naturaleza de la aventura militar que se está desarrollando en Libia, a través de un mejor conocimiento de quiénes son realmente los rebeldes libios y en vez de remitirnos a la imagen idealista y elogiosa que nos ofrecen los medios de prensa bajo el control de Occidente.



[1] «Resolución 1973 aprobada por el Consejo de Seguridad», Red Voltaire, 17 de marzo de 2011.
[2] Ver, por ejemplo, «Comentario conjunto de Barack Obama, David Cameron y Nicolas Sarkozy en relación con la situación en Libia» (texto publicado después de la publicación del presente artículo en inglés), 15 de abril de 2011.
[3] “Libyan rebellion has radical Islamist fervor: Benghazi link to Islamic militancy, U.S. Military Document Reveals,” por Daya Gamage, Asian Tribune, 17 de marzo de marzo de 2011.
[4] Informe de West Point, p. 12.
[5] Informe de West Point, p. 19.
[6] Informe de West Point, p. 27.
[7] Informe de West Point, p. 9.
[8] «Libya releases scores of prisoners», Al Jazeera English, 9 de abril de 2008. «Libya : Scores of prisoners released from jail». AKI, 9 de abril de 2008.«Libya releases scores of prisoners», Al Jazeera English, 9 de abril de 2008. «Libya : Scores of prisoners released from jail». AKI, 9 de abril de 2008.
[9] Informe de West Point, p. 12.
[10] Informe de West Point, p. 27.
[11] Rapport de West Point, pág. 29.
[12] Informe de West Point, p. 28.
[13] «Egypt Said to Arm Libya Rebels», por Charles Levinson y Matthew Rosenberg, Wall Street Journal, 17 de marzo de 2011. Y «America’s secret plan to arm Libya’s rebels», por Robert Fisk, The Independent, 7 de marzo de 2011.
[14] Daya Gamage, op. cit.
[15] «La Terreur Fabriquée, Made in USA», por Webster Tarpley, éd. Demi-lune, libro recomendado por la Red Voltaire, en venta por correspondencia desde la Librería de la Red Voltaire.
[16] «En Londres comenzó la repartición de Libia», Red Voltaire, 30 de marzo de 2011.
[17] Según la versión en inglés del artículo que sobre este personaje que aparecía en la enciclopedia Wikipedia el 24 de marzo de 2011.
[18] «Libya’s Tribal Dyanmics», Stratfor, 25 de febrero de 2011.
[19] “Who are the rebels we are fighting to protect”, por Venetia Rainey, The First Post, 21 de marzo de 2011.
[20] Artículo de la enciclopedia Wikipedia (en inglés) consultado el 24 de marzo de 2011.
[21] «Statement by the Libyan Transitional National Council», Voltaire Network, 5 de marzo de 2011.
[22] «L’occidente alla guerra delle tribù», por Massimo Introvigne, La Bussola quotidiana, 22 de marzo de 2011.
[23] Stratfor, op. cit.
[24] «Libya, Getting it Right: A Revolutionary Pan-African Perspective», por Gerald A. Perreira, Black Agenda Report, 2 de marzo de 2011.
[25] «Declaraciones de Barack Obama en la Universidad de El Cairo», por Barack Obama, Réseau Voltaire, 4 de junio de 2009.
[26] «Obama Campaign Linked To Chechen Terrorism: Grant Of Taxpayer-Funded U.S. Asylum For Chechen Terror Envoy Gave Obama Foreign Policy Guru Zbigniew Brzezinski ‘One Of The Happiest Days Of My Life», por Webster G. Tarpley, 2 de febrero de 2008; y el libro Obama the Postmodern Coup: The Making of a Manchurian Candidate, por Webster G. Tarpley (Joshua Treet CA: Progressive Press, abril de 2008), pp. 97-115.
[27] «How Muslim extremists are turning on Osama Bin Laden». por Paul Cruikshank, New York Daily News, 8 de junio de 2008. Cruickshank es miembro del Centro de Estudio sobre la Ley y la Seguridad en la New York University. Es coautor, con Peter Bergen, del artículo publicado en la primera página de la publicación bimestral The New Republic, «The Jihadist Revolt against Bin Laden».
[28] «Al Qaeda leader linked to Iran may have been killed in recent Predator strike», por Thomas Joscelyn y Bill Roggio, The Long War Journal, 9 de octubre de 2010.
[29] Ibid.
[30] Ver nuestro dossier: «Abou Moussab Al-Zarkaoui».
[31] Ver Annie Machon (2005): Spies, Lies & Whistleblowers. MI5, MI6 and the Shayler Affair Lewes, East Sussex: The Book Guild Ltd. 185776952X; Hollingsworth, Mark; Nick Fielding (1999). Defending the Realm: MI5 and the Shayler Affair, Andre Deutsch Ltd. ISBN 0233996672.
[32] Pharsalia, Book IX, por Lucano, traducción de Riley (London: Bell, 1903), p. 355.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Traductor